Tarta vegana de chocolate y otros antídotos contra el mono que no descansa
- Anna Costanza
- 8 jun
- 4 min de lectura
Receta no autorizada para una mente sin off.

Los ingredientes indispensables
Para disfrutar de una tarta de chocolate, de la práctica y de cualquier cosa, hay una serie de ingredientes que deberíamos añadir a nuestra vida cotidiana, sin racanear.
¿Te ha pasado alguna vez?
Estás en tu esterilla, en lo que debería ser un momento de práctica consciente, presente, lleno de sthira y sukha — y de repente te das cuenta de que estás mirando de reojo la postura de la persona de al lado.
No para ayudarla.
Para compararte.
No es tu mejor momento.
Pero es un momento muy humano.
Y si llevas tiempo practicando yoga, sabes exactamente de lo que hablo.
Porque da igual cuántos años lleves en la esterilla, cuántos retiros hayas hecho o cuántas veces hayas leído los Yoga Sūtrāṇi: la mente comparativa no se jubila fácilmente.
En el sūtra 1.33, Patañjali ofrece una de las instrucciones más concretas y más ignoradas de todo el texto:
maitrī karuṇā muditopekṣāṇāṃ sukha duḥkha puṇyāpuṇya viṣayāṇāṃ bhāvanātaś citta prasādanam
La serenidad de la mente — citta prasādanam — se cultiva mediante cuatro actitudes:
Maitrī — amistad, benevolencia hacia los que son felices
Karuṇā — compasión hacia los que sufren
Muditā — alegría ante la virtud y el bien ajeno
Upekṣā — ecuanimidad ante el mal
Estamos de acuerdo con Vyāsa, que en su Bhāṣya comenta que estas cuatro actitudes no son sentimientos espontáneos que aparecen solos.
¿Te has sorprendido?
Son bhāvanā — cultivo deliberado, práctica sostenida.
O sea, que no me vale el fake until you make it...
Efectivamente. No vale.
No se trata de fingir que te alegras por el éxito ajeno mientras por dentro hierves.
Se trata de entrenar la mente para que, con el tiempo, esa alegría sea genuina.
El antídoto específico a la envidia es muditā: la alegría ante la dicha del otro, ante sus logros -materiales e "espirituales".
No la tolerancia.
No el "me alegro pero....".
La alegría real, como si fuera tuya.
Fácil de escribir.
Considerablemente más difícil de practicar, dentro y fuera de la śālā.
Compararse no es en sí mismo el problema.
No es malo ni está prohibido.
La mente compara porque así aprende, calibra, se orienta.
El problema es cuando usamos la comparación para decidir si somos suficientes.
Y la respuesta, invariablemente, es que no.
Lo único que es: inútil.
En el sentido más técnico de la palabra: no produce ningún resultado útil.
La mente se agota, el ego se infla o se deflacta según el día.
Es mucho ruido para nada.
Alegrarse por el otro es imposible si no has hecho las paces con lo que eres.
Y hacer las paces con lo que eres requiere algo más radical que la aceptación: requiere reconocer que lo que se manifiesta aquí y ahora no es un punto de partida hacia algo mejor.
Es el punto.
Solo el punto.
Eterno.
Los yoguis tienen un nombre para eso.
Y lleva dos mil años ahí, esperando ser visto.
Ese nombre es santoṣa.
Santoṣa es uno de los niyama-s del segundo pāda — y se traduce habitualmente como "contentamiento".
Pero esa traducción se queda corta.
Santoṣa no es resignación ni conformismo.
Es la capacidad de reconocer que lo que se manifiesta aquí y ahora — este cuerpo, esta práctica, esta vida — es exactamente lo que hay.
No lo que debería ser.
Lo que es.
La comparación nos proyecta hacia otro cuerpo, otra vida, otro momento. Santoṣa nos devuelve a este.
Y ese retorno no es pasivo.
Es uno de los actos más radicales que conozco.
Hay una tercer ingrediente, con nombre exótico y difícil de encontrar en mercadillo espiritual: Īśvarapraṇidhāna.
Aparece en los Yoga Sūtrāṇi en varios contextos — como práctica del kriyā yoga en el segundo pāda, como uno de los niyama-s, y como vía directa hacia samādhi en el primero.
Su traducción habitual es "devoción a Īśvara", "entrega a lo divino".
Pero para mí, en la práctica cotidiana, Īśvarapraṇidhāna es esto:
la entrega a lo que hay.
No a lo que queremos que haya.
No a la versión mejorada de nuestra vida que vemos en el perfil de Instagram de otra persona.
A lo que realmente está sucediendo.
Compararse con los demás es, en el fondo, una negación de lo que somos.
Un "esto no es suficiente".
Īśvarapraṇidhāna es la respuesta contraria: esto — exactamente esto — es el lugar desde el que practico, vivo y aprendo.
No es conformismo.
Es precisión.
Lo que hay aquí y ahora es lo que es.
Y lo que es, nunca puede dejar de ser.
Sin error.
La receta de Sam
Sam Shem @thedessertclubca
Bizcocho vegano básico de chocolate
Para un molde de 23 x 33 cm o dos moldes redondos de 20 cm
Ingredientes
375 g de harina
400 g de azúcar
65 g de cacao en polvo
2 cucharaditas de bicarbonato
½ cucharadita de sal
480 ml de café frío o agua
240 ml de aceite vegetal
2 cucharaditas de extracto de vainilla
3 cucharadas de vinagre de manzana
Preparación
En un bol grande, mezcla con varillas la harina, el azúcar, el cacao, el bicarbonato y la sal. Incorpora el café o el agua, el aceite y la vainilla. Añade el vinagre y remueve.
Prepara el molde con margarina vegana y espolvorea con harina. Vierte la masa y alisa la superficie.
Hornea a 180 °C durante 35-40 minutos, hasta que al insertar un palillo en el centro salga limpio.
Deja enfriar 10 minutos en el molde. Desmolda y deja enfriar completamente.
Para golos@s-advanced:
Ganache vegana
Tritura 200 g de chocolate negro derretido con 200 g de tofu sedoso en una batidora hasta obtener una crema homogénea. Recubre la tarta.
A veces el cuerpo necesita algo concreto, dulce y real para recordar que estar aquí — en esta cocina, con estas manos, con este cuerpo perfectamente imperfecto — es suficiente.
Todo ese ruido para llegar aquí.
Que es exactamente donde ya estabas.
Buon appetito.







Comentarios