La perturbante sabiduría vegetal: raíces que susurran conocimiento
- Anna Costanza
- 2 mar
- 9 Min. de lectura
Hay una idea que incomoda tanto a ciertos yoguis modernos como a algunos defensores de la espiritualidad “pura”: la posibilidad de que las raíces del yoga estén entrelazadas con sustancias visionarias. No como una desviación moderna, sino como parte de un complejo ritual y simbólico en el origen mismo de la tradición indoaria.
En el corazón de esta hipótesis se encuentra el misterioso Soma del Ṛg Veda, una sustancia que, más que una bebida, parece haber sido una tecnología de lo sagrado.
Este texto propone una lectura antropológica: no afirmar dogmas, sino explorar lo que dicen las fuentes, los estudios comparados y la historia ritual de distintas culturas.

El Soma en el Ṛg Veda: una bebida, un dios, un estado de conciencia
En el Ṛg Veda, el texto más antiguo de la tradición védica, una parte sustancial de los himnos está dedicada al sacrificio de Soma: el ritual en el que una bebida sagrada es ofrecida a los dioses. En estos himnos, Soma es simultáneamente planta, bebida, divinidad y principio de inmortalidad. No se trata solo de una sustancia vegetal, sino de una realidad sagrada que circula entre lo humano y lo divino, un puente líquido entre la tierra y el cielo.
Los estudiosos Joel Brereton y Stephanie W. Jamison, en su traducción y estudio The Rigveda, señalan que la identidad botánica de Soma ya era incierta en el período védico medio —e incluso, posiblemente, en la época misma del Ṛg Veda—.
Es probable que se emplearan sustancias sustitutivas, quizá porque la planta original se había vuelto difícil de obtener. El preparado se realizaba a partir de tallos secos que se remojaban en agua y luego se prensaban hasta extraer un jugo dorado, posteriormente mezclado con agua o leche. En estado puro, al parecer, tenía un sabor amargo.
En el Ṛg Veda, el efecto de Soma —tanto en humanos como en dioses— se expresa mediante la raíz verbal sánscrita √mad. Este término no se limita a una idea de ebriedad o alteración física, sino que remite a un estado de intensificación gozosa: regocijarse, expandirse interiormente, llenarse de energía e inspiración. Participar de Soma es entrar en una experiencia de plenitud dinámica, una amplificación de la conciencia que acerca al bebedor al ámbito de lo divino.
En los himnos, Soma “ilumina el pensamiento”, otorga “inmortalidad”, permite ver a los dioses y transforma al bebedor en un ser inspirado y poderoso.
Para muchos investigadores, estas descripciones pueden ser compatibles con estados visionarios inducidos por alguna sustancia ritual. Sin embargo, el debate permanece abierto. Más allá de la identificación botánica, Soma sigue siendo, en el corazón del Ṛg Veda, una experiencia de expansión, luminosidad y potencia sagrada.
¿Era el Soma un psicodélico?
El debate moderno sobre la identidad del Soma comenzó con R. Gordon Wasson, quien en 1968 propuso que el Soma descrito en el Ṛg Veda podría ser el hongo alucinógeno Amanita muscaria. Desde entonces, se han sugerido otros candidatos: hongos psilocíbicos, Ephedra y mezclas de plantas psicoactivas. La argumentación más reciente, propuesta en 2017 por Matthew Clark, identifica varias plantas mencionadas en el Veda que podrían haberse utilizado en su preparación ritual.
Sin embargo, los textos védicos no ofrecen una descripción botánica definitiva, de modo que la naturaleza exacta del Soma sigue siendo una “pregunta permanente” para los historiadores de las religiones.
Desde una perspectiva antropológica, lo relevante no es tanto la identidad de la planta, sino la función ritual de la bebida: un medio para inducir estados de percepción considerados divinos y que conectaban a los humanos con lo sagrado.
El ritual védico: la experiencia como tecnología sagrada
En la religión védica temprana, la espiritualidad no era introspectiva ni ascética en el sentido posterior del yoga clásico. Era ritual, colectiva y sacrificial. Soma formaba parte del yajña, el sacrificio que sostenía el orden cósmico. Durante la ceremonia, el sacerdote prensaba la planta, filtraba el jugo, lo ofrecía al fuego y finalmente lo bebía junto con otros oficiantes. La forma ceremonial más sencilla era el agniṣṭoma, una alabanza a Agni, dios del fuego, que incluía la preparación y ofrenda de Soma por la mañana, al mediodía y por la noche. Este proceso generaba un estado de exaltación sagrada, una unión con lo divino que no era solo simbólica, sino vivida y palpable.
Desde un punto de vista antropológico, Soma puede entenderse como mucho más que una simple bebida. Era una sustancia enteogénica, una tecnología ritual que legitimaba el poder de los sacerdotes y, al mismo tiempo, funcionaba como un puente entre humanos y dioses. En el Ṛg Veda numerosos himnos celebran su poder transformador y describen un viaje que combina experiencia ritual, concentración, exaltación y visión. Soma era el vehículo del sacrificio: podía elevar la conciencia y abrir un canal entre lo humano y lo sagrado.
Este viaje ha sido interpretado de distintas maneras, desde una lectura puramente simbólica hasta la posibilidad de que existiera un elixir concreto. Si alguna vez existió en su forma original, probablemente se perdió con el tiempo, tanto a nivel botánico como en la memoria humana, quizás debido a la extrema protección de su secreto.
RV 8.48.3: “Hemos bebido el Soma, que nos ha hecho inmortales; hemos alcanzado la luz, hemos conocido a los dioses. ¿Ahora qué puede hacernos la malicia del enemigo? ¿Qué mal, oh Inmortal, podría hacer un mortal?”
RV 8.48.4“O Soma, embriagado por nosotros, sé bienestar para nuestros corazones, como un padre indulgente lo es para su hijo, o un amigo para su amigo.O Soma digno de amplia alabanza, extiende nuestras vidas para que vivamos.”
RV 8.48.5.“Estas gotas gloriosas que nos dan libertad, las hemos bebido. Que ellas protejan nuestros pasos en el camino, y nos preserven de la enfermedad.”
RV 8.48.6. “Que disfrutemos con espíritu vivificado el jugo que nos das, como riquezas ancestrales. Oh Soma, Rey, prolonga nuestra existencia como el Sol alarga los días.”
La purificación y preparación del jugo de Soma constituye el tema central de los 114 himnos del mandala (libro) 9, que celebran de manera exuberante cada fase del proceso ritual y halaban el poder del “jugo divino”.
En es parte del texto se encuentra el Soma Pavamana, uno de los conceptos centrales de los himnos védicos. Su significado es profundo en los niveles ritual, simbólico y espiritual.
En los Vedas, Soma se refiere a la planta sagrada, a su jugo o a la bebida ritual elaborada a partir de ella. Es considerado alimento de los dioses, fuente de inmortalidad, energía y conocimiento. Por su parte, Pavamana significa literalmente “purificador” o “el que limpia o depura”, derivado de la raíz sánscrita pav, que denota purificación, limpieza o santificación.
De este modo, Soma Pavamana puede traducirse como “Soma, el purificador” o “el Soma que limpia y purifica”. Esta denominación subraya el poder transformador y purificador de la bebida.
En los himnos del mandala 9, Soma se describe como un flujo que se eleva hacia los dioses, que se purifica y, al ser recibido, aporta abundancia y fuerza. No se trata de una imagen meramente física, sino de un símbolo de luz, energía y expansión interior, posiblemente vinculado con experiencias de exaltación o estados no ordinarios de conciencia que los rishis buscaban y experimentaban en su práctica espiritual.
RV 9.3–4 “Los Somas se engalanan con leche, como los reyes son honrados con elogios, y con siete sacerdotes, el sacrificio. Exprimidos para el néctar que alegra, las gotas fluyen abundantemente con cánticos, los jugos del Soma corren en un río.”
La transformación brahmánica: del Soma a la interiorización
Con el tiempo, la religión védica evolucionó. El poder ritual se concentró en la casta sacerdotal brahmánica y los complejos sacrificios con Soma se volvieron cada vez más costosos, técnicamente elaborados y socialmente restringidos. Gradualmente, el énfasis se desplazó.
En los tiempos del Veda temprano, Soma fluía en los rituales como un néctar sagrado que abría puertas hacia los dioses y la trascendencia, donde cada gota era un puente entre lo humano y lo divino. Con el Brahmanismo tardío, su presencia se volvió más simbólica, reservada a los sacerdotes y al conocimiento ritual, recordándonos que la divinidad también puede honrarse a través de la forma y la intención. Más tarde, en la era de las Upaniṣads, el viaje se volvió hacia adentro: Soma dejó de ser una bebida y se convirtió en símbolo del descubrimiento interior, donde ātman y brahman se reconocen en la misma luz silenciosa. Finalmente, en el Yoga clásico, el camino hacia la trascendencia se hace psicofísico: la respiración, la meditación y la disciplina del cuerpo sustituyen los rituales externos, transformando cada postura, cada inhalación y exhalación en un rito vivo de conciencia y expansión interior.
Este proceso puede interpretarse como una domesticación institucional de lo extático: el trance químico se reemplaza por técnicas de control corporal y mental, y la experiencia de lo divino se internaliza, transformándose en práctica consciente y meditación.
El yoga como sustituto del trance enteogénico
Algunos antropólogos y estudiosos de la religión han sugerido que muchas técnicas ascéticas —la respiración controlada, el ayuno, las posturas extremas o el aislamiento— pueden entenderse como sustitutos culturales de los estados visionarios que antes se inducían con sustancias como el Soma.
Desde esta perspectiva, el yoga se presenta como una tecnología interna capaz de generar experiencias de conciencia similares a las del ritual con Soma, una forma de acceder a lo divino sin depender de sustancias externas y, al mismo tiempo, una espiritualidad más compatible con la estructura social brahmánica. Esta transición, en la que la experiencia de lo sagrado se internaliza y se institucionaliza, no es única en la historia, sino un patrón recurrente en muchas tradiciones religiosas que buscan domesticar y ritualizar lo extático.
Paralelos antropológicos: África y América Central
El uso ritual de sustancias visionarias es prácticamente universal en las sociedades tradicionales. Entre los Fang de Gabón y Camerún, en África, el culto bwiti emplea la raíz de la planta iboga para ceremonias de iniciación, contacto con los ancestros y experiencias visionarias intensas. En este contexto, el trance no es un escape, sino un rito cuidadosamente estructurado, con reglas, tiempos y roles definidos dentro de la comunidad.
De manera similar, en Mesoamérica y la Amazonía encontramos a los mayas y aztecas usando hongos psilocíbicos, y a los pueblos amazónicos empleando la ayahuasca. En todos estos casos, las sustancias son consideradas maestras espirituales: se consumen en rituales estrictos y bajo la guía de chamanes o sacerdotes expertos.
La estructura es sorprendentemente parecida a la del Soma védico: en todas estas tradiciones, la experiencia visionaria no es un consumo recreativo, sino un acto ritual, colectivo y profundamente simbólico, un puente entre lo humano y lo divino, mediado por la sustancia sagrada y el orden ceremonial que la contiene.
La paradoja moderna: yoga sin Soma
Hoy el yoga se presenta globalmente como ejercicio físico, práctica de bienestar o disciplina mental sin sustancias.
Sin embargo la historia sugiere algo más complejo. El yoga moderno es el resultado de múltiples transformaciones culturales, reinterpretaciones y adaptaciones.
La pregunta provocadora es inevitable:
¿Es el yoga una espiritualidad “sobria”… o el heredero de una tradición originalmente extática y visionaria?
Desde mi propia experiencia, no veo la psicodelia y el yoga como caminos enfrentados, sino como tecnologías complementarias de la conciencia. Una puede abrir la puerta; la otra enseña a habitar la casa. Las sustancias visionarias —cuando se emplean con respeto y contexto— pueden revelar dimensiones insospechadas de la mente; el yoga, ofrece la disciplina, el orden, la integración y la estabilidad necesarias para sostener esas aperturas sin fragmentación. No se trata de sustituir una por otra, sino de comprender que ambas responden a una misma intuición ancestral: que la mente es plástica, entrenable y capaz de expandirse más allá del yo habitual.
Precisamente a explorar esta complementariedad estará dedicado nuestro retiro de verano: un espacio de práctica rigurosa, reflexión crítica y experiencia encarnada donde investigaremos cómo la tradición del yoga puede dialogar con la cartografía contemporánea de los estados ampliados de conciencia. Será un laboratorio vivencial para quienes desean comprender, no solo intelectualmente sino corporalmente, qué significa convertirse en viajeros conscientes de la mente.
Conclusión: dos caminos, una misma esencia
La antropología y la historia de las religiones muestran que las culturas han desarrollado múltiples métodos para acceder a lo sagrado. Algunos de estos métodos son externos, como plantas y sustancias, música, danza o privación sensorial; otros son internos, como la meditación, la respiración, la disciplina ascética y el yoga.
Más que verlos como rutas opuestas, podemos entenderlos como expresiones complementarias de la misma búsqueda: abrir la mente, expandir la conciencia y conectar con lo absoluto. El Soma y el yoga, la visión inducida y la práctica disciplinada, responden a la misma intuición ancestral: que la experiencia de lo divino puede alcanzarse a través de medios variados, siempre que se respeten la intención, el contexto y la integración.
En este sentido, no hay exclusión, sino diálogo. No hay sustitución, sino complementariedad. Las tecnologías externas pueden abrir la puerta a dimensiones insospechadas de la mente; las internas nos enseñan a habitar esas experiencias con estabilidad, claridad y sostenibilidad. En el fondo, ambos caminos se encuentran en la unidad de la conciencia y la expansión de la mente es la vía para experimentarla.
Si tienes una llamada hacía esta exploración, este retiro es para ti.






Referencias bibliográficas
Textos primarios
The Rig Veda. Traducciones de:
Stephanie Jamison & Joel Brereton (Oxford University Press, 2020)
Ralph T. H. Griffith (1896)
Estudios sobre Soma y religión védica
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Referencias online
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Rigveda Blog. (2024, diciembre 13). Soma and the Rites of Transcendence: Spiritual Ecstasy in the Rig Veda. Recuperado de https://rigveda.blog/2024/12/13/soma-and-the-rites-of-transcendence-spiritual-ecstasy-in-the-rig-veda




Muy bonita, e interesante reflexión sobre el Soma y la práctica del yoga y cómo estás se complementan ❤️